>> a y e r

cruzando dedos

Ayer fue un día maravilloso.

Me desperté despacito, y con calma moví este cuerpecito medio dormido a una de las sillas del comedor que está en la cocina, me senté ahí a tomarme un café con miel que tenía sabor a cariño mientras organizaba en mi cabeza las cosas que tendría que hacer y en qué tiempo, para llegar a la casa de la amiga de mi amiga donde me daban un lugar para ver el partido.

A mi alrededor había mucho movimiento, mis compañeros de apartamento estaban alistándose para ir a ver el partido, las amigas de Carola ya estaban aquí, hablando y riéndose en su cuarto mientras ella calentaba algo para comer. Me causó mucha gracia escucharla decir “quién falta?” Cuando sonó el timbre inesperadamente. Le respondí con un encogimiento de hombros y la vi contestar el teléfono:
-“hola?… Sí, acá está. Euge, para vos”

Para mí? Quién será? En medio de este día caótico y super planeado quién aparece de la nada?

-“hola?”
-“Eu. Gala”
-“QUÉÉÉÉÉÉÉ?!”

Se ríe la jodida!
-“ya bajo ya bajo ya bajo!”

En pijama y toda despeinada de no haberme bañado ni el día anterior salí corriendo a dar ese abrazo que me había estado faltando desde el año pasado. Mi Gala es una de las mejores amigas que se puede tener, se nos ha visto caminando por san telmo cargando un piano, “vos de este lado y yo del otro”, maletas y demás trapos buscando casa después que nos sacaron de la casa de bolívar 1542. Con ella hago ese tipo de cosas. Con ella terminé de empacar mi maleta y mis cajas el día que me fui de aquí el año pasado. Yo me sentaba encima de la maleta, la abría, la cerraba, Freddy me decía: “necesitas llevar tantos jeans? Por qué no dejás esa remera? Y ese vestido?” tratando de ayudarme a cerrar esa maleta de una manera más lógica, mientras Gala, sentada relajada en mi cama, se reía tomando fotos de mi culo con mi cámara.
Ella me dio el último abrazo porteño el año pasado, me ayudó a subir mi maleta al bus de ruta 8 que iba atestado de gente y que se toma dos horas en llegar al aeropuerto, pero que vale 3 pesos.

Llegó Gala con su bici y todos mis planes, mi organización y mis tiempos ya no me servían de nada. Qué vamos a hacer ahora? Dónde vamos a ver el partido?

Como se la ha pasado viajando por brasil, paraguay y argentina estos últimos meses, dejó sus cosas por todos lados en buenos aires. Unas donde Meli, otras donde Fred, algunas todavía están en mi casa, y las últimas en el garage del edificio de Saulo. Ahí fuimos. Encontramos botas, sombrero, posters y hasta unos rollers de dueño desconocido en una caja vecina.

Plín! Así suena una idea.

-“Llevátelos boluda, así vamos más rápido”
-“Vos decís? Pero le dejo una notita por si los busca.”

Hola. Soy Eugenia. Tomé tus rollers prestados. Me estas salvando la vida. Te los devuelvo esta semana. Lo prometo. Sorry y gracias.

Eso decía la notita escrita en rojo en un pedacito de papel roto que quedó en la caja vecina en lugar de los rollers que ya tenía puestos. Subí las escaleras de rodillas porque era mucho trabajo sacármelos y volvérmelos a poner, ya íbamos apuradas porque el partido estaba por comenzar y porque la escalera mortífera de ese garage gris no tiene baranda ni pasamanos.
Bajó la amiga de Saulo para abrirnos la puerta del edificio.

-“No te quedan grandes esos rollers?”
-“Yo tengo los pies grandes.”
-“Tené cuidado que te podés quebrar los tobillos.”

Así nació el miedo que me hizo caer varias veces en el camino a la casa de Andrés, pero yo ya había decidido hacer ese viaje en rollers y eso no iba a cambiar. Rápido Gala en bici y yo en patines, pasamos por una parrilla que reconocí como la esquina de la primera casa donde vivió Daniel y me emocioné. Me detuve de repente “Aquí vivía Daniel!” Pum! Me caí para adelante, volantín, todo, y la mochila me rodó por arriba de la cabeza. Que risa!

Llegamos y Andrés nos recibe con un “no sirve la tele boluda” se había caído el cable. Por más que lo tocábamos y cambiábamos de un cable a otro (no me pregunten por qué tenía dos cables), la imagen se miraba malísima, o blanco y negro y con tres jugadores de cada uno “si nos ponemos en pedo y lo vemos así va a estar buenísimo” o a color, cada jugador con un fantasma y granulado como que fuera una foto iso 6,000. Y bueno, lo vimos en iso seis mil. Andrés y yo, extranjeros, no nos perdíamos ni una patada y gritábamos como locos mientras Gala, única argentina en esa casa, desempacaba cosas y pegaba posters recién recuperados en las paredes.

Como seguro todos saben, Nicaragua no ha ido nunca a un mundial, nunca. Entonces el mundial los nicas lo vivimos de otra manera. Por lo general escogemos un país que nos guste, de los que juegan bastante bien al fútbol, los más comunes brasil, alemania, italia, y argentina. Cuando el equipo elegido sale del torneo no es game over, uno se cambia la camiseta y escoge otro país que siga en la lucha. Obvio que hay sus excepciones, pero yo no soy una.

Al estar viviendo en Argentina por casi tres años ya, este mundial lo viví de una manera totalmente diferente a todos los anteriores. Aún tenía varios equipos, me iba con los latinos siempre que jugaban, Costa Rica me emocionó un montón, y el portero de México me hizo gritar de alegría. Pero mi equipo número uno era Argentina. No me perdí un juego de Argentina y traté de vivir cada uno de manera diferente tratando de compensar por todos los otros mundiales que no he vivido en un país que está jugando. Con cada partido Argentina me emocionó más y por primera vez creí sin duda y con toda esperanza que mi equipo ganaría.

Nunca he puteado tanto como ayer. Hice 9 cruces en total entre dedos y extremidades (es posible, yo les enseño) y repetí 50 veces seguidas “Vamos Argentina un gol” porque después de repetirlo tres veces Andrés me inventó que si lo decía 50 veces seguidas iba a suceder. Por primera vez en mi vida se me llenaron de lágrimas los ojos y tuve que preguntar “es normal que quiera llorar?” cuando Alemania estaba celebrando sin sabor ser campeones del mundo.

Después de unos minutos de debatir con Andrés si debía celebrarse el segundo lugar o no, unas imágenes del obelisco lleno de gente nos llegaron a través de un noticiero y nos terminaron de convencer.

Apenas salir a la esquina estaba el primer grupo de gente en mitad de la calle con tambores y banderas brincando y bailando. Cámara en mano nos disponíamos a caminar 28 cuadras hasta el obelisco, pero muy habilidosamente unos pasos más adelante, Andrés nos consiguió un ride de lujo. Un bus escolar lleno de chavalos saliéndose por las ventanas con banderas argentinas cantando “braaaasiiiil decimeee que se sienteeeee!” en versiones que yo no había ni escuchado antes.

Nos fuimos en el bus festejando, cantando y bailando nosotros también con medio cuerpo fuera de las ventanas, hasta llegar al obelisco, donde nos encontramos más gente amiga y donde la locura colectiva se apoderó de algunos hasta terminar con policías, y botellas y piedras volando por el aire.
Eso no estuvo ni cerca de bajar nuestros ánimos, solo nos hizo movernos hasta un bar donde seguimos siendo felices con unas cervezas artesanales y papas fritas.

Sip. Maravilloso ayer.

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